Miranda en el cine

Publicado en julio 2016 en Investigaciones Etiquetas: #Francisco de Miranda , #Miranda en el cine , #Xavier Sarabia Mariche , #Cine venezolano

1.- Cine histórico

Para ubicarnos en un marco más general del tema que nos ocupa, el cual es el cine histórico, hemos creído conveniente exponer unas ideas sobre el concepto. En el libro “Esclavos en la pantalla, filme y visión histórica”, ediciones ICAIC, 2012, encontramos que la autora, Natalie Zeemon Davis, quien es historiadora, en el capítulo 1 denominado “El filme como narración histórica”, al igual que en el prefacio, aporta ideas esclarecedoras. Haciendo uso de su formación académica y de su particular cercanía con el cine, la historiadora no duda en calificar al cine histórico como un "experimento del pensamiento" al mismo tiempo que afirma que su doble rol de historiadora y asesora en historia para este tipo de películas le "convenció también de que con paciencia, imaginación y experimentación, la narración histórica en cine podía hacerse más dramática y fiel a las fuentes del pasado". Así interpreta al cine como lo que es, un texto, un discurso y le exige al cine histórico una cierta fidelidad con las raíces y fuentes que enriquecen el texto.

Más adelante, Zeenon Davis hace una pregunta clave para el tema que nos convoca: ¿Podemos asignar a realizadores, actores y espectadores los papeles de participantes en un "experimento de pensamiento" colectivo sobre el pasado? Entonces el cine histórico es un cine sobre el pasado, un "experimento de pensamiento".

También hace un parangón con la antigua dicotomía prosa histórica- poesía épica con la actual dupla historia- cine histórico, y de nuevo pregunta ¿Cuáles son las posibilidades del filme para hablar del pasado en una forma significativa y precisa? “Podemos evaluarlas bajo los mismos acá-pites que se empleaban para la poesía y la historia: el tema o trama, las técnicas de narración y representación, y la condición de veracidad del producto terminado".

Una importante modalidad del cine histórico es la representada por las biografías, al respecto la autora afirma: " En la biografía cinematográfica los filmes pueden sugerir cómo y por qué se toman decisiones políticas en diversos regímenes históricos y las consecuencias de éstas. Los filmes pueden mostrar cómo se experimentó y desarrolló el pasado, cómo se vivieron grandes fuerzas y procesos importantes localmente y en detalle - o, mas correctamente, pueden hacerse conjeturas sobre ello". Más tarde agrega: "Además de una trama bien investigada, el poder histórico del filme surge de sus múltiples técnicas y recursos de narración".

Natalie nos regala dos testimonios muy importantes sobre el tema. El primero de Francesco Rosi, reconocido cineasta italiano, quien dirigió las biografías de Salvatore Giuliano y Lucky Luciano, citemos: "Si uno escoge narrar algo sobre una persona real. . . en mi opinión no puede inventar, pero puede interpretar. Existe una gran diferencia. ¿Por qué fabricar algo sólo porque resulta más espectacular y una forma fácil de atrapar al público? No tengo todo el espacio que deseo en mis filmes para interpretar la realidad y esto es para mí lo más importante, interpretación de hechos".

El segundo testimonio es de John Sayles, escritor, director y guionista de cine independiente, nacido en los Estados Unidos de Norteamérica, a cuya obra hemos tenido poco acceso, cito: "Hay un cierto poder que viene de la historia. Quiero decir, he escuchado a productores decir muchas, muchas veces, que la única forma en que un filme funciona es si el anuncio dice 'Basado en una historia real'". El público agradece el hecho de que algo ocurriera en realidad. Ocurriera o no, piensan que así fue o saben que así fue".

Perro Natalie cierra su pequeño ensayo, constituido por el primer capítulo de su libro, con una sentencia que no tiene desperdicio, cito:

"Hubiera sido mejor que Sayles concluyera: El público aprecia el hecho de que algo en realidad ocurriera y, después de ver el filme se preguntará si se narró bien la historia. El espectador pasivo que acepta ingenuamente lo que sale en la pantalla ha desaparecido de la teoría cinematográfica y debe desaparecer también de la crítica histórica de filmes. Los espectadores pueden deleitarse con un filme histórico, interesarse en él o rechazarlo; pueden representar de nuevo partes de él en sus mentes y visualizar a Raymond Masssey cuando escuchan el nombre de Abraham Lincoln, o a Anthony Hopkins cuando escuchan el de John Quincy Adams. Pero no creen automáticamente lo que ven en un filme histórico; mas bien preguntan sobre él y escriben cartas para protestar sobre él".

En febrero de 2011 se publicó el número 1 de la revista Se mueve del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela, dedicada al cine y los medios audiovisuales, de la cual nos tocó la responsabilidad de ser su primer editor. Allí encontramos el artículo “Venezuela, producción de época y cine histórico”, solicitado a Edgard Narváez, a propósito del año bicentenario del 19 de abril de 1811, cuando ocurrió la Declaración de la Independencia de Venezuela. El artículo constituye un recuento cronológico del "cine histórico y de época" en Venezuela y del cual citaremos solo cuatro párrafos para ofrecer más luces al tema que nos convoca, no sin antes recalcar que el autor hace una diferenciación entre el cine histórico y el cine de época. Veamos:

Desde los años 70 aparece con trazos vigorosos nuestra historia. Los temas contemporáneos son predominantes pero no son pocas las películas venezolanas que buscan acercarse al pasado y presente del país, ya sea recreando hechos y personajes o a través de relatos ambientados en una determinada época. Abundan dramas personales y familiares enmarcados en un contexto histórico llamados producciones de época, junto a películas que se acercan a un tiempo específico y a hechos y personajes verdaderos, que son las que se clasifican en el llamado género de cine histórico. A pesar de las diferencias existentes entre ambas es conveniente trasponer las fronteras del género e ir más allá del jinete, el caballo y la espada con que muchos identifican lo histórico, para dar una visión de conjunto, un panorama lo más amplio de cómo asoma nuestra historia en el cine y del esfuerzo que a lo largo de los últimos 40 años hemos realizado como cinematografía".

En el recuento que nos ofrece Narváez, no podían faltar las realizaciones de Diego Rísquez y Luis Alberto Lamata, nuestros dos realizadores que más han abordado los temas históricos. Los siguientes párrafos no tienen desperdicio.

"Aunque no es muy numerosa la producción que aborda el proceso de conquista, que desde el siglo XVI se proyecta de forma brutal sobre lo que hoy conocemos como América, encontramos un conjunto de obras que indagan en este período. En Orinoko Nuevo Mundo (1986), Amerika terra incógnita (1989), y Karibe kon tempo (1995) Diego Rísquez se acerca a través de símbolos y personajes históricos a los mitos y leyendas del llamado Nuevo Mundo; mientras en Jericó (1991) Luis Alberto Lamata, inspirado en una obra de José Oviedo y Baños, nos muestra el encuentro entre conquistadores y conquistados, a través de un sacerdote atrapado entre ambos mundos.

Al acercarnos a las películas que abordan el período de la Independencia, encontramos a Rísquez y Lamata, recurrentes en el tema histórico. Bolívar sinfonía tropikal (1979) de Diego Rísquez es una aproximación experimental e iconográfica a Bolívar el y a la mitología independentista, en tanto que Manuela Sáenz (2000) y Francisco de Miranda (2006), ambas de Rísquez, con guión de Leonardo Padrón, recrean la vida de estos personajes históricos. Por su parte, Luis Alberto Lamata abarca el período que va desde la etapa previa al independencia y el propio momento de la creación de la república con un guión de Henry Herrera, en Miranda regresa (2007), hasta los tiempos de la Guerra a Muerte, a través de la más sanguinaria figura de la reacción realista que arrastró tras sí un ejército de excluidos, Taita Boves (2009), versión de la novela Boves el Urogallo de Francisco Herrera Luque".

Finaliza su artículo, Edgard Narváez, guionista, docente e investigador de nuestro cine, con una sentencia que cuenta con nuestro total acuerdo:

"En esta época bicentenaria, enmarcada en el proceso que se vive el país y en Latinoamérica se realiza un importante esfuerzo de producción; es momento para plantearnos un cine que se aproxime a lo que ha sido nuestra historia, que desmistifique, que la proyecte con diversas miradas, que podamos reconocernos en ella, que la vincule dramática y emocionalmente con el público y que, más allá del discurso, del gesto acartonado y la intención evidente, sea una experiencia que trasmita vida, en fin, ¡qué sea cine!"

2-. Auge de la historia y el cine histórico en Venezuela

Con el triunfo electoral de Hugo Chávez Frías, para optar a la presidencia de la república en 1998, el auge de la historia en Venezuela es definitivo. Ya antes el elemento histórico formaba parte fundamental del proceso revolucionario. MBR 200, Movimiento Bolivariano Revolucionario es el nombre que asumen los patriotas rebeldes en 1992, recibe el número 200 por haber nacido en 1983, año del bicentenario del Libertador Simón Bolívar. República Bolivariana de Venezuela es el nombre que asume el país cuando Chávez cumple con su primera promesa electoral y se propone, consulta y realiza el proceso constituyente. El devenir histórico permite que el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, mute a Movimiento Quinta República. El proceso que estamos protagonizando se denomina “Revolución Bolivariana”. No solo es nomenclatura histórica, con Chávez, y gracias a Chávez, Venezuela vive una constante recuperación y puesta en valor de nuestra memoria histórica. El cine no puede escapar a ello y mucho menos con Hugo Chávez Frías como líder, guía y orientador de un proceso americolatino que sigue "El ejemplo que Caracas dio" como reza parte de una de las canciones patrióticas de nuestra primera independencia, que se convirtió en Himno Nacional, y cuya consigna más extendida y repetida es “¡Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina!”

El 9 de marzo de 2014, en Caracas en el Cuartel de la Montaña, nombre nerudiano - bolivariano que le dió Chávez al sitio donde hoy reposan sus restos mortales, a propósito del primer año de su siembra, participamos del “Foro Chávez y el cine en revolución”, escribimos una pequeña ponencia, de la cual queremos compartir la parte que titulamos “Las películas que pidió el Comandante”. Espero que me disculpen la autocita:

"En Chávez debemos reconocer a un hombre de la cultura, alguien a quien ningún ámbito de la cultura le es ajeno, pero en quien vemos inclinaciones particulares hacia la música, la lectura y el cine; y con este último, una especial definición hacia el cine de carácter histórico, para la recuperación de la memoria histórica del pueblo, como un modo de refundación de la República y de construir la Patria.

Aquí cabe un pequeño recuento, con el único uso de la memoria. Luego de la inauguración de la Villa del Cine, vino un conjunto de solicitudes del Comandante que no hicieron más que corroborar su especial atención hacia el cine.

Miranda regresa de 2007, con guión de Henry Herrera y dirección de Luis Alberto Lamata, primera gran producción de la Villa del Cine, cuyo estreno se realizó en el auditorio de la Academia Militar con asistencia del Presidente Chávez y de Rafael Correa, presidente del Ecuador como invitado de honor. Luego vino Zamora, tierra y hombres libres (2009), con guión de Luis Britto Garcia y dirección de Román Chalbaud; esta vez el estreno  fue en Barinas con Chávez allí en su hogar natal, entonces el Comandante ordenó la distribución de centenares de copias de la película para su pueblo venezolano. Ya antes nuestro líder había asistido a otras dos galas para la exhibición de películas importantes con sitios de honor nos referimos a Florentino y el Diablo (2003) con guión de Edilio Peña y Michael New y dirección de este último, y El caracazo (2005) con guión de Rodolfo Santana y dirección de Román Chalbaud, esta última también una sugerencia del Comandante, ambas en la Sala Ríos Reyna del Complejo Cultural Teresa Carreño, a sala plena. También es digno recordar la exhibición que se hizo de Manuela Sáenz (2000) de Diego Rísquez, en la residencia presidencial La casona, con la presencia de los Comandantes Hugo Chávez y Fidel Castro".

3.- Francisco de Miranda en el cine venezolano

De nuevo asistidos por la memoria, podemos citar las películas venezolanas donde Francisco de Miranda es el personaje principal:

Francisco de Miranda (2006), Diego Rísquez. Ficción.

Miranda regresa (2007), Luis Alberto Lamata. Ficción.

Nuestro Miranda (2007), Jean Charles L'Ami. Animación.

Miranda, El precursor (2010), Carlos Fung. Documental.

4.- El Miranda de Diego Rísquez, Francisco de Miranda (2006)

Luego de Manuela Sáenz (2000), Francisco de Miranda constituye la segunda película donde Rísquez asume un cine más convencional.

Sin embargo, cabe destacar que en su Miranda, Diego Risquez asume recursos expresivos que permiten una obra muy personal.

La película parece reforzar los comentarios y leyendas más extendidos sobre Miranda como viajero, aventurero, mujeriego y libertario.

Entonces, en la estructura narrativa de la obra describe el periplo vital del personaje con base en la escritura de su diario de viaje y la presencia y el "testimonio" femenino.
Destacan la recreación de cuadros emblemáticos y del director como "pintor" y acaso cronista pictórico. Y, por tanto, de la pintura como retrato y reflejo de la historia.
Surgen en planos más bien oníricos, los "fantasmas" de Miranda.

El tratamiento de los encuentros con Bolívar y el tema de la capitulación y el pueblo en el pensamiento de Miranda contrastan, por su convencionalismo, con la osada propuesta estética del realizador.

No podemos olvidar que Rísquez se inició en el teatro, que también es artista plástico y es tal vez el mejor director de arte del cine venezolano.

5.- El Miranda de Luis Alberto Lamata, Miranda regresa (2007)

La película empieza con un Miranda echado leyendo en el catre de su celda en la prisión de “La Carraca”, de espaldas a la cámara. La película termina con un Miranda "libre" echado en la misma pose del famoso cuadro de Arturo Michelena rodeado de sus amontonados y numerosos libros, sobre una balza que navega a mar abierto, hacia el horizonte marino, a pleno sol tropical.

La película es circular. La estructura narrativa se vale de una entrevista que le hace un pretendido periodista al General Francisco de Miranda cuatro días antes de su muerte, y que sirve de soporte para hacernos conocer la vida, pero sobre todo el pensamiento del precursor de la independencia.

Es un viaje en retrospectiva que pone en la voz del entrevistador difíciles y polémicas y que sirven para que Miranda "aclare", todo cuanto verdadero e incierto se ha dicho sobre él.
Así, poco a poco se va develando un pensamiento y se va esclareciendo su famoso vínculo con las mujeres, la mujer, lo femenino. Su relación con Bolívar, las conspiraciones, la capitulación.

Luis Alberto Lamata le permite a Miranda aclarar las cosas y dar su versión de los hechos, y el mismo aclara otras.

Miranda regresa profundiza en lo político del personaje y para ello recurre a elementos del cine de aventuras, del cine de suspenso, de espías y de intrigas.

Sin evadir, más bien promoviendo la polémica Lamata muestra su Miranda. No olvidemos que Luis Alberto Lamata es un historiador estudioso apasionado de nuestra historia.

Xavier Sarabia Mariche

Caracas-Venezuela

Septiembre 2015