La Quema de Judas

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En Caracas, como en varios estados del país (oriente, Lara, Cojedes y Aragua), se revive cada año una tradición de una amplia participación de la comunidad. Se trata de La Quema de Judas, una festividad que se desarrolla cada Domingo de Pascua o Resurrección (el día en que Jesucristo resucitó de entre los muertos y subió hacia los cielos) como una forma de expresar las quejas y el descontento de una población en relación con algún personaje de la actualidad, además de marcar el fin de la cuaresma. El motivo original es recordar la traición que sufrió Cristo por parte de uno de sus apóstoles.

El antecedente principal de esta celebración se remonta al año 1499. Américo Vespucio llegó a tierras venezolanas (Cumaná) y cambió “espejitos” y “baratijas” por “perlas” y “una embarcación” que construyeron los indígenas y con la cual se marchó. Los pueblos originarios al ver que fueron engañados, y que el conquistador no regresó, realizaron una especie de espantapájaros en el sitio donde se fabricó la barraca del navegante florentino, le prendieron fuego y bailaron alrededor. Posteriormente, durante la Capitanía General de Venezuela, cuando alguna figura cometía alguna falta la judaizaban. Se cree que el primer Judas de Caracas se incendió en el año 1801, luego se extendió por varias localidades de la nación.

El rito también es llevado a cabo en otros países vecinos, como: Brasil, Chile, Cuba, República Dominicana y Nicaragua, donde las representaciones de las personalidades son juzgadas por el pueblo.

La festividad

El Judas es un muñeco de tamaño humano que se viste con zapatos, trajes viejos y accesorios que aportan los diferentes miembros de una localidad. También se rellena con fuegos artificiales a modo de hacer la experiencia más llamativa.

Unos días antes de la fiesta, se escoge una figura de un poblado, estado o país, cuyas acciones sean vistas de forma negativa o que sea merecedor del escarnio público y la humillación y se procede a elaborar el fantoche. Luego se escribe “el testamento” que de forma sarcástica expresa un resumen de la vida, los actos y las faltas del personaje seleccionado. 

Con la finalidad de que los habitantes conozcan los delitos y el castigo del condenado, “El Judas” es arrastrado por las calles con una soga al cuello; acto seguido se le lee el testamento y se cuelga a un árbol o poste de luz donde es ahorcado y quemado.

Este festejo se acompaña con actos culturales, música y, en algunos sitios, con guarapitas y  bebidas alcohólicas.

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