Entre lo sagrado y lo profano

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Los Diablos Danzantes del Corpus Christi

 

Cada año, los Demonios toman las calles de 11 localidades del país para bailar y rendirse ante Dios en una festividad  llena de colorido, que refleja la diversidad cultural venezolana

 

Los Diablos Danzantes son una de las expresiones del patrimonio inmaterial de la humanidad. Cargados de una gran riqueza, significación y tradición, reflejan la identidad y diversidad cultural de Venezuela. Se trata de una celebración ancestral, que mezcla elementos de la cultura indígena, africana y española, donde los Diablos bailan ante Dios para representar el triunfo del bien sobre el mal en un ritual de carácter religioso y folclórico.

La fiesta se conmemora en el día del Corpus Christi, el noveno jueves después del Jueves Santo -este año se celebra el 15 de junio- para ensalzar el dogma de “la presencia real de Cristo en la Eucaristía”.

Esta expresión sincrética, que se destaca por su gran colorido, la hermosura de sus máscaras artesanales y las coreografías, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) el 6 de diciembre de 2012. La decisión de la declaratoria fue motivada por la diversidad de las diabladas, en su ubicación geográfica, en su tamaño, superveniencia y evolución en el tiempo, una manifestación profunda de la venezolanidad que define el carácter de pueblo multiétnico y pluricultural. "Desde el siglo XVII al siglo XXI, se suman 5 ciclos de una constante transmisión de generación en generación, de un hecho excepcional, en distintos pueblos de Venezuela”, señaló Benito Irady, presidente del Centro de la Diversidad Cultural en Venezuela, durante la inauguración de su institución homóloga en España en 2013.

 

El origen histórico y la celebración

El dogma del Corpus Christi fue establecido por el Papa Urbano IV, el 11 de agosto de 1264, mediante la bula: Transiturus de hoc mundo. Posteriormente, en el siglo XIV, el Papa Juan XXII estipuló que la ostia consagrada sería portada en procesión bajo palio en un desfile triunfal.

Con la llegada de los españoles a América, y por el proceso de evangelización emprendido en la población del continente, la celebración se propagó y asimiló en países como: México, Cuba, Panamá, República Dominicana, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Perú y Bolivia. A Venezuela arribó en 1582 (existe constancia documental de esta fiesta en Coro, en 1582, y en Caracas, en 1590), producto del arraigo de la fe católica española, y se extendió a todas las poblaciones donde se erigieron iglesias. Con el paso del tiempo evolucionó hacia un ritual de participación popular e incorporó elementos folclóricos identitarios propios de la población indígena y afroamericana, como algunos instrumentos musicales provenientes de diferentes etnias.

En la zona centro-norte de Venezuela hay once cofradías, enraizadas en igual número de comunidades del país desde hace más de cuatrocientos años, que se rinden ante el Santísimo Sacramento como profesión de fe. En los estados Aragua (Cata, Chuao, Cuyagua, Ocumare de la Costa, Turiamo), Vargas (Naiquatá), Carabobo (Patanemo y San Millán), Cojedes (Tinaquillo), Miranda (San Francisco de Yare) y Guárico (San Rafael de Orituco), los Demonios rojos bailan y se rinden ante Dios.

Hermanamiento de los Diablos Danzantes de Venezuela con los Pecados y Danzantes de Camuñas

En cada hermandad, los Diablos danzantes se agrupan bajo una estructura jerárquica muy definida. Antes de lanzarse a la danza se deben proteger contra las fuerzas del mal y para ello se valen de cruces, escapularios, rosarios y otros amuletos, además de rezar oraciones durante la celebración.

La conmemoración incluye la recepción de las peticiones por parte de los Devotos o Promeseros. Los Diablos enmascarados ejecutan pasos de danza en actitud de penitencia, al mismo tiempo que una jerarquía de la Iglesia Católica avanza hacia ellos llevando al Santísimo Sacramento, después de celebrar la misa.

Mientras ocurre la representación dancística, los integrantes de las comunidades buscan mantener controlado al demonio, que se supone anda suelto por las calles. Finalmente, los Diablos realizan un acto de rendición ante la sagrada imagen del Santísimo Sacramento, reafirmando la devoción religiosa.

Los elementos

 

Los trajes, las máscaras diabólicas y los altares son elaborados por los miembros de cada una de las 11 cofradías venezolanas de acuerdo a su ritual, sin embargo tienen elementos en común, a saber:

  • La indumentaria se compone de pantalón, camisa y capa, de colores vivos. Llevan un rabo adherido a la parte posterior del pantalón, con una borla y campanita en la punta.

  • Las capas van desde los hombros hasta las rodillas y acostumbran llevar cruces de tela, campanillas y/o cascabeles.

  • Las alpargatas, las medias con o sin borlas son una constante en el atuendo.

  • Las máscaras que usan los Diablos son de diferentes materiales, formas y tamaños, dependiendo de la localidad y el rol dentro de cada hermandad. Aluden al Demonio o a animales, como el cerdo, el pez, formas grotescas humanas, entre otras.

  • También usan cuernos. Los Capitanes se distinguen por tener los cuernos más grandes o portar mayor número de ellos.

  • Los cencerros. Están constituidos por latas y campanas de bronce que cuelgan de una correa en la cintura y sirven para ahuyentar a los malos espíritus.

  • El mandador o látigo. Símbolo de poder; lo llevan en la mano izquierda y es utilizado para amedrentar a cualquiera que interfiera en el paso de los danzantes.

  • Portan una maraca que llevan en la mano derecha, pintada o revestida con retazos de tela, con la finalidad de marcar el ritmo de la danza.

  • La música ejecutada en la festividad es estrictamente instrumental, de carácter reiterativo y sirve para apoyar a la danza. La fulía se emplea como canto de salutación al Santísimo Sacramento en la noche previa. Los instrumentos esenciales son: la caja, el redoblante y el cuatro, pero varía según la región.

Las diferentes hermandades

En las comunidades venezolanas donde tiene lugar la celebración del Corpus Christi, son comunes la ceremonia signada por la participación popular, la solidaridad y la devoción, en la que concurren los elementos de las culturas africanas y originarias y una tradición transmitida de padres a hijos.

 

  • Los Diablos de Yare (Miranda)

La Sociedad del Santísimo Sacramento de los Diablos de Yare es un producto típicamente venezolano…”, así lo apuntó el intelectual venezolano Juan Liscano en 1948 y de allí que sea la más conocida. Se identifican por emplear vestimenta roja. La estructura jerárquica está definida por el tamaño de las máscaras y el número de cachos que poseen. La que tiene cuatro cachos es la del Primer Capataz, el Diablo más antiguo y la máxima autoridad del baile, mientras que el Segundo Capataz tiene tres cachos y organiza el desarrollo del baile. El Arreador también usa una máscara de tres cuernos pero se diferencia por el mandador, que sirve para imponer respeto y disciplina. Los que tienen dos cuernos son los demás diablos miembros llamados rasos. El Cajero ejecuta los instrumentos musicales.

La única mujer presente es La Sayona, que emplea una máscara de tres cachos. Su función es la de dirigir a los nuevos participantes. El resto de las féminas únicamente pagan promesas, vestidas de rojo y sin máscaras, y no pertenecen a la Cofradía.

  • Diablos de Naiguatá (Vargas)

En la costa cercana a Caracas, se desarrolla la segunda diablada más numerosa y conocida. Aquí, El Diablo Mayor denominado como mayordomo encabeza la jerarquía. Las mujeres actúan como danzantes y los disfraces son de enorme riqueza, a partir de ropa blanca pintada con motivos que hacen referencia a la ostia y a la cruz, las formas inscritas en el Santísimo Sacramento que representa el cuerpo de Cristo.

El que acude a pagar promesas debe aprender los trucos de la manifestación, como el pintarse “cruzao”, repitiendo cada motivo en el lado opuesto del cuerpo, para ahuyentar al enemigo. No portan látigo. El mandador y los motivos marinos de las máscaras distinguen a esta diablada de pescadores y estibadores de las de las tierras agrícolas. La danza se realiza al ritmo de “la caja”, que sustituye al tambor en el recorrido por la localidad.

 

  • Ocumare de la Costa (Aragua)

Bailan dos días en la semana de Corpus Christi.

El traje se confecciona cada año porque es parte de la ofrenda que ofrece el Promesero, sino éste no puede bailar. Las máscaras tienen caras de animales.

La jerarquía se encuentra en el rejo o mandador. El mandador del Capataz Mayor tiene cuatro nudos, cada uno tiene una oración y hay un tiempo que se vela para bendecirlo. Esta Cofradía no permite que las mujeres bailen, sin embargo permite que participen ayudando en la confección de los trajes, entre otras labores.

  • Turiamo (Aragua)

Los trajes son realizados en colores muy llamativos, llevan máscaras de cartón y alambres con velos (antiguamente se realizaban de totuma y coco seco).

Complementa el atuendo una especie de látigo de cuero con un palo de madera (“el mandador”).

La danza va a al ritmo de cuatros y maracas.

  • Cuyagua (Aragua)

Esta Cofradía permite a los danzantes decidir cómo vestirse cada año y esto lo diferencia de las otras. Lo que no varía son los estampados coloridos, las telas avivadas de matices festivos y las máscaras de tela metálica adornadas con formas de animales.

La jerarquía se clasifica en Perreros, Capataces y Diablos. Los primeros son los más viejos en el grupo, van sin traje el día de la celebración y son una especie de acompañante sagrado. Les sigue el Segundo y Tercer Perrero, quienes cuentan a los danzantes antes de salir y ofrecen los servicios de guía durante el recorrido. La jerarquía cierra con los Diablos o bailarines.

Las mujeres no bailan pero ayudan en labores varias.

  • Cata (Aragua)

Sus máscaras están fabricadas en tela metálica con los ojos, nariz y boca pegados a la tela y portan cintas multicolores en sus cachos, además de usar capas largas de color. El traje puede ser floreado o estampado (tipo Luis XV) y alpargatas. Va acompañado de una capa y un pañuelo blanco que usan en la mano izquierda y recubre un escapulario. Usan maracas y cencerros para acompañar la música, llevar el ritmo del baile y anunciar la llegada de los diablos.

Estos danzantes bailan dos veces al año: el jueves de Corpus Christi y otro día festivo escogido por los participantes.

  • Chuao (Aragua)

Las máscaras de los Diablos Danzantes de Chuao son negras demarcando la gran influencia afro-venezolana  y llevan una cinta con el tricolor de la bandera nacional. Su  vestimenta pose dibujos muy coloridos y llevan un rabo que se encuentra recogido las vísperas del Corpus Christi, ya que al día siguiente bailan y lo ondean junto a las borlas y la cinta de la máscara.  Existen varios personales principales: tres Capitanes, un Capataz y La Sayona, que es un hombre vestido de mujer y representa la madre guía de los diablos principiantes. La jerarquización de los personajes se manifiesta por lo largo del bigote o barba que tiene la máscara sin  cuernos: el Primer Capitán tiene un bigote largo con una gran barba, el Segundo lo usa más corto y el Tercero todavía más cortó. 

En esta Cofradía sólo pueden ser demonios los nativos o descendientes del pueblo. Las mujeres, sólo participan ayudando en la confección de los trajes y bendiciendo a los Diablos

En cuanto a los instrumentos se emplea el cuatro y el tambor, el mismo lleva atado un cordón de plumas de zamuro llamado “chirriador” que producen una vibración mayor. Bailan  al igual que las otras diabladas, pero aquí emplean coreografías como La Mojiganga, El Carabalí y La Dancita.

  • Patanemo (Carabobo)

Las máscaras son renovadas cada año. Se elaboran dos meses antes del día de Corpus Christi y recrean animales como peces, perros, cochinos, entre otros.

La vestimenta es un traje de rayón estampado o satén, pero antes de usarlo debe ser santiguado por el Capataz. Las mujeres participan vistiendo batas de colores, no usan máscaras y a veces bailan.

Hay tres Capataces, dos Perreros, más de 100 Diablos rasos y dos Sayonas.

Los Diablos Danzantes realizan un baño de purificación en el río “El paso de Belén”.

Utilizan el cuatro con las cuerdas volteadas. La danza se acompaña por unas maracas y por cencerros.

  • San Millán (Carabobo)

El vestuario de la diablada es muy colorido y las máscaras están elaboradas con alambre moldeable, papel periódico y tintas de colores. Esta Cofradía no posee una jerarquía pero eligen a los Capataces por años de dedicación y son tres. Estos no tienen distinción con respecto a los Diablos pero ofrecen sus servicios de guía espiritual.

Para ser integrante de la Cofradía, el hombre debe cumplir con tres requisitos: tener más de 10 años, estar bautizado en la religión católica y bailar sin interrupción durante siete años.

Las mujeres también participan pero como acompañantes de los Diablos. Bailan el caracol o juego en círculo y usan el cuatro.

  • San Rafael de Orituco (Guárico)

Los Diablos usan trajes rojos y negros con capas. Las máscaras que se emplean son gigantescas y tienen trompas alargadas, colores llamativos y apariencia maligna.

Esta Hermandad permite la participación de mujeres pero no pueden superar el número de Diablos. Su papel es hacer de “Diabla” con un vestido floreado de mangas largas y una máscara redonda. Durante su baile coquetea con los otros Demonios para sonsacarlos.

En cuanto a los instrumentos, es la única hermandad que permite el toque de cuatro y tambora a la vez.

  • Tinaquillo (Cojedes)

En cuanto al vestuario prepondera la dualidad del rojo y negro que se complementan con camisa de flequillos y pantalones de satén. Usan alpargatas y sobre sus pantalones una serie de cascabeles prensados para espantar al mal.

Las máscaras son elaboradas con tela metalizada y se caracterizan por tener rasgos humanos exagerados (ojos, nariz, bigote, colmillos y cejas levantadas). A la danza le llaman coreografía y varía de acuerdo al ritmo del cuatro.

Tiene un Primer y Segundo Capataz e incluye un Diablo suelto, que es la única figura a la que se le permite estar delante de la línea de mando del Primer Capataz.

A diferencia de las otras 10 Cofradías que danzan el jueves de Corpus Christi, ésta dedica siete trochas o bailes dominicales consecutivos para honrar al Santísimo Sacramento.

Diablos hermanos

El Corpus Christi es una conmemoración que también tiene lugar en diversas zonas de España. Una de las más trascendentales es la denominada Pecados y Danzantes de Camuñas, una fiesta declarada de interés turístico, que se desarrolla en el municipio castellano-manchego de Camuñas, en la provincia de Toledo, en España.

 

Durante la inauguración del Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en España, en 2013, se realizó un primer hermanamiento entre la Hermandad del Santísimo Sacramento de Pecados y Danzantes y las once Cofradías de los Diablos Danzantes de Venezuela. Aunque poseen variaciones formales, sostienen muchos puntos en común, ya que las manifestaciones culturales de ambos países plasman ritualmente la celebración del Corpus Christi. También recrean el enfrentamiento del bien y el mal de un modo ceremonial y lúdico, uniendo religiosidad y cultura local, representando la rendición de Los Pecados o Diablos (en el caso de Venezuela) ante el Santísimo.

Con respecto a las máscaras, en ambos países existen semejanzas. En Camuñas, por ejemplo, el Pecado Mayor emplea una alegoría del cerdo o cochino como la careta que usan los danzantes de San Rafael de Orituco. El cerdo no era una especie autóctona venezolana, llegó en barco como consecuencia de la colonización española.

La celebración de Camuñas

El origen de la manifestación toledana se remonta a los siglos XVI y XVII, cuando estas danzas adoptaron la argumentación de Auto Sacramental y comenzaron a ofrecer al Señor un tributo de ritmo, danza y color. A lo largo de los siglos, la fiesta evolucionó en interpretaciones hasta llegar a la de nuestros días, en los que bajo el título de El triunfo de la Gracia sobre el Pecado se desarrolla un Auto Sacramental mímico de confrontación.

En cuanto a la vestimenta ritual, existen Los Danzantes, que llevan pantalón y zapatos de color blanco, mientras que Los Pecados van vestidos en color negro. Las máscaras de Los Danzantes tienen la nariz aguileña, mientras que Los Pecados llevan caretas con la nariz chata y cuernos. Los Danzantes llevan varas que portan cintas de colores, pero más cortas que las de Los Pecados. Ambos grupos portan El Estandarte y la Cruz, en alternancia cada año. También cuentan con una fuerte jerarquización.

 

La representación comienza mucho antes de la misa de la mañana. Se realiza un recorrido previo a la misa con motivo de recoger al párroco y a las autoridades del pueblo.

Durante la Eucaristía, Los Pecados no tienen acceso al interior del templo. Permanecen en la puerta de la Iglesia, rascando sus palos sobre el suelo y lanzando gritos en el momento de la consagración, los cuales se repiten en las carreras que desarrollan durante el recorrido procesional. Al finalizar la misa, empieza la procesión.

Los personajes

En la Plaza del Reloj, o de Ramón y Cajal, Los Pecados lanzan una ofensiva contra el bien, y un disparo anuncia la llegada de La Pecadilla, que a simple vista parece buena, pero representa los pecados de la carne. Su pantalón blanco, similar al de los danzantes, simboliza el engaño y la seducción, mientras que la mitad superior revela su intención maligna.

Después de La Pecadilla viene el Pecado Mayor, que simboliza al demonio, vestido de negro y careta de cerdo, que con un horrible aullido acompaña a su ataque. Luego entra el resto del grupo, que intenta encarnar a las fuerzas malignas y los pecados del mundo.

 

Por último, entra en escena El Correa y concluye la batalla. Su deslumbrante serenero rojo emula a los pecados del mundo; después todos Los Pecados caen humillados.

Acto seguido, Los Danzantes comienzan a Tejer el cordón, la danza más transcendental, llamada así porque da la apariencia de “tejer” y “destejer” las filas de los miembros, que se se desplazan, descomponen y reorganizan durante el ritual. Sus filas están encabezadas por El Cordel (danzante con un cordel al pecho), que representa la Justicia, y La Prudencia, que guía la fila izquierda. También participa el Judío Mayor, un personaje inmóvil que emula la ceguera de la Fe. En el interior de la formación una pica corta distingue al Capitán, que representa la caridad. El Alcalde, portador de una vara larga y carente de ornamentos, que interpreta a la esperanza. El Tambor encarna la templanza y La Porra, la fortaleza.

 

 

En el centro de la formación está La Madama, vestido de falda y portador de una castañuela, un personaje femenino representado por un hombre que simboliza la gracia, el estado que agrupa a todas las virtudes y la última puerta para la transcendencia. La Madama va recorriendo las dos filas de danzantes y los toma tras de sí para formar una larga columna, cerrada por La Caridad.

Luego sucede la procesión por las calles del pueblo. A lo largo del recorrido se suceden impetuosas carreras de Los Pecados, las cuales serán frenadas a la altura del estandarte.

 

El punto final de la celebración es marcada por la llegada a la iglesia. Nuevamente Los Danzantes entran al templo, mientras que los Los Pecados permanecen a la espera en la puerta. Tras rendir homenaje al Santísimo, la cofradía de Los Danzantes sale bailando de espaldas, fundiéndose con Los Pecados, finalizando el ritual.

A través de este trabajo, el Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en España, brazo cultural de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela, pretende contribuir con la promoción y difusión internacional de las manifestaciones de la diversidad étnica y cultural venezolana. La invitación es para que se acerquen a nuestros espacios y conozcan más detalles sobre esta importante manifestación cultural.

 

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Algunas referencias sobre los Diablos Danzantes:
-Alemán, Carmen Elena. Corpus Christi y San Juan Bautista. Dos manifestaciones rituales en la comunidad afrovenezolana de Chuao. Caracas: Fundación Bigott , 1997. 423p. (Serie Orígenes; 2)
-Diabladas venezolanas. Los Diablos Danzantes de Venezuela / Dirección, Enrique Blein; Guión, Cecilia Fuentes, Enrique Blein; Cámara, Jean Charles L'Ami; Música, Javier Marín. Caracas: Fundación Bigott, 2009. 30': color ; sonoro-- (Encuentro con…)
-Festividades. Música de la tradición venezolana. I. - Caracas: Fundación Bigott, 1999. 1CD.
-Festividades. Música de la tradición venezolana - Volumen III. -- Caracas: Fundación Bigott, 2009. 1CD.
-Fiestas de verano / Dirección, Enrique Blein; Producción, Pierina De Angelis; Guión, Cecilia Fuente, Enrique Blein y Pierina de Angelis; Música, Javier Marín. Caracas: Fundación Bigott, 2008. 29': color; sonoro-- (Encuentro con...)
-Música tradicional. Incluye: 1.- El mundo de Caicara. 2.- Zaragozas. 3.- La culebra de Ipure. 4.- Parranda de San Pedro. 5.- Quichimba. 6.- La llora. 7.- El baile de los enanos y la muñeca de la calenda. 8.- Pastores de San Joaquín. 9.- Baile de Santo Domingo. 10.-- Diablos danzantes de Cata
-Música tradicional. Incluye: 1.- La iguana. 2.- El gallo. 3.- El pájaro guarandol. 4.- Giros de San Benito. 5.- Vasallos de la Candelaria, Saludo, Tumba, Siembra, Encierro de chiva y quema. 6.- Vasallos de la Candelaria. Deshierbe y Cosecha. 7.- Robo y Búsqueda. 8.- Paradura del Niño. 9.- Diablos de Yare, reposo de Caja o Pago de Promesa. 10.- Diablos de Yare. Escobillao corto. 11.- Diablos de yare. Corrido. 12.- Diablos de Yare. Escobillao largo. 13.- Diablos de Yare. Bamba. 14.- Diablos de Chuao. Dancita. 15.- Diablos de Chuao. Corrido. 16.- Diablos de Chuao. Mojiganga. 17.- El paloteo. 18.- ¡Marita, Oh!. 19.- Mare Mare con Carrizos



 

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